Menos música, más tecnología

  • Teléfonos móviles (y su correspondiente consumo en llamadas y mensajes)
  • Cámaras digitales, tarjetas flash, discos vírgenes para guardar las fotos
  • Consolas de videojuegos (fijas y portátiles) y sus respectivos juegos
  • Ordenadores fijos, y recientemente una gran cantidad de portátiles
  • Cuota mensual de conexión a Internet
  • Reproductores de MP3 de uso individual (aparte del clasico equipo compacto, radio-CD o similar)
  • etc.

Hace tan solo unos pocos años nada de esto era de uso masivo. Es más, muchas de estas cosas ni siquiera existían.

En su mayor parte son productos y servicios destinados al ocio, a excepción de los teléfonos móviles, aunque cierto número de ellos no son de uso estrictamente necesario ni profesional, sino como un medio a través del cual estar en contacto con los amigos de forma fácil. Es decir, que en cierto grado sí que se destinan al ocio, y más aún si tienen la posibilidad de grabar fotos y vídeo. Por su parte, los ordenadores personales en el hogar y sus conexiones a Internet tienen una infinidad de usos. En muchos, muchísimos casos, se utilizan para el ocio.

Además, algunos de estos productos se suelen renovar con cierta frecuencia, conforme aparecen nuevas versiones mejoradas y con más posibilidades. El gasto en ellos se repite cada cierto tiempo.

Antes de que estas cosas existiesen y se empezasen a consumir de forma masiva, en su lugar la gente compraba discos. Aparte de tomar unas copas, salir de viaje en vacaciones y fines de semana y algunos hobbies no demasiado extendidos, no había otra cosa en qué gastar el (generalmente escaso) dinero que quedaba para el ocio.

A lo largo de los últimos 15-20 años aproximadamente, las ventas de todos esos nuevos productos han ido creciendo de forma exponencial: Lentamente al principio y luego más rápido cada vez -hasta estabilizarse, según qué productos-. De esta forma, hace unos 10-12 años aproximadamente, se estaba produciendo un auténtico "boom" en su consumo, como muchos recordaréis.

Así que, el inicio y crecimiento de las ventas de todos esos productos está en perfecta sincronía con el descenso en las ventas de música que según los datos publicados ha tenido lugar.

Un descenso del 71,46% en la última década es bastante lógico, y un 17% en el último año no me resulta nada raro. Curiosamente, las ventas de coches cayeron precisamente un 17,9% el año pasado, a pesar de las ayudas del gobierno. Y es que estamos pasando por una mala situación económica (por si a alguien se le ha olvidado).

Para la SGAE, Antonio Guisasola, la ministra de "cultura" y otros personajes similares, nada de esto ocurre, pero por mucho que intenten obviarlo, no va a dejar de ser cierto.

Además, la música es algo muy deseable pero no imprescindible. La industria audiovisual padece un narcisismo patológico: Cree que la gente tiene que comprar música sí o sí. Pues lo siento, pero ahora hay otras muchas cosas en las que gastar el (poco) dinero que tenemos.

El "argumento" de que todos los productos tecnológicos se utilizan para copiar música es una burda manera decir que quieren apropiarse de los beneficios del sector tecnológico. En realidad no es siquiera un argumento, es una doctrina que solo ese lobby (y nadie más) predica.

Ellos llaman "Cultura" a la música y las películas solamente, y así tratan sutilmente de lanzar el mensaje de que "la cultura se muere" (¡Oh, dios mío, que terrible!...). Pero la música y el cine son solo una pequeña parte de la Cultura. No sé si es que González-Sinde es una inculta o si simplemente tiene mala intención (seguramente ambas cosas).

Por supuesto, esta razón es solo una más. Es evidente que el modelo de negocio está completamente obsoleto, y que la propia industria se ha ido apuñalando ella sola pese a las múltiples advertencias que se le vienen haciendo desde hace años.

1 comentario:

German R. dijo...

La definición de cultura es un todo complejo que abarca muchas cosas. La música no es cultura, es parte de la cultura. Las películas no son LA cultura, son parte de esta pero no se debería cobrar nada.

Es como que si te cobraran un impuesto por usar el idioma.