La tecnología nos vuelve (aún más) vagos

Uno de esos titulares sensacionalistas: El teléfono móvil disminuye la memoria

Luego te cuenta que no es porque las ondas hertzianas están friendo tus neuronas, sino que como tú apuntas los números en el teléfono, nunca los memorizas.

Pues vaya novedad. Las agendas de papel ya existían mucho antes que los móviles, y nadie consideró una “noticia” el hecho de que “disminuyesen” tu memoria.

La cuestión es que se supone que las máquinas están precisamente para que nos olvidemos de hacer ciertas cosas. ¿O no?

Alfonso –que era herrero- tenía unos bíceps más gordos que su cabeza, pero entonces inventaron la prensa hidráulica, y ahora su hijo Alfonsito –que heredó el negocio- no los tiene tan gordos. ¿Eso es malo?

Poca gente sabe cazar un jabalí, despellejarlo y asarlo para comérselo. Afortunadamente el progreso nos ha hecho olvidarlo, y esto tampoco es malo (en caso de una guerra mundial termonuclear ya aprenderemos a hacerlo, si es que sobrevive alguna persona y algún jabalí).

Si lo piensas fríamente, memorizar números de teléfono es algo insano. ¿Acaso recuerdas los números del carné de identidad de todos tus familiares y amigos? Pues bien; los números de teléfono tienen incluso un dígito más –normalmente-. Entonces… WTF??

El problema no es la poca capacidad para recordar un número de teléfono, sino que nunca debimos tener que hacerlo. Pero el maldito sistema telefónico evolucionó así. Al principio salía una operadora a la que pedías hablar con “Fulano”, de “Tal localidad”, y hablabas. Más tarde pensaron que las operadoras salían caras, así que las sustituyeron por máquinas que funcionan con numeritos. Eso fue un gran paso para las compañías telefónicas, y un enorme retroceso para la humanidad.

No quiero tener que recordar a la gente por medio de números de 9 cifras, eso es inhumano. Tampoco me apetece tener los bíceps más gordos que la cabeza, ni saber cazar un jabalí, al menos por ahora.

Además, ¿sabéis qué? El espacio que tenía en mi memoria para números de teléfono ha sido ocupado por cienes y cienes de claves y contraseñas para acceder a distintos servicios electrónicos. ¡Qué digo! no sólo ese espacio, sino que he tenido que asignar nuevos bloques de memoria para ello. Aún así nunca las recuerdo todas, así que siempre ando reseteando las claves para poder acceder.

La memoria debería reservarse para recordar dónde está la piedra con la que te tropezaste ayer (cosa que casi nunca se consigue) y también para recordar el gustito que te da el bajarle las braguitas a tu mujer, novia, amante o muñeca hinchable. ESO es importante.

¿Quién coño quiere recordar putos números de teléfono…? Arggff

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